1 de abril de 2016

Alegorías de una ciudad


Eduardo Laborda Gil, Zaragoza 1952, artista fundamental en el arte zaragozano del último tercio del siglo XX y las dos primeras décadas del actual. Dibujante, pintor, grabador, coleccionista, cineasta, editor, comisario de exposiciones, escritor, su magnífica trayectoria le han convertido en uno de los artistas más importante de la figuración aragonesa.

Ha puesto su atención en las viejas estatuas de corte clásico y barroco como un nuevo Polifilo, el personaje del Renacimiento que paseaba en las noches de luna por los jardines y parques para besar las bocas de golondrina de las esculturas. 

Su pintura requiere tal perfección en el dibujo y en el color que no deja de asombrar, la mitología clásica a través de la estatuaria, mezclada con maquinaria o artilugios industriales es el tema habitual de sus cuadros. Mezcla pasado y presente, mito y realidad. Figuras pétreas con aperos herrumbrosos y fragmentos de vehículos obsoletos. En definitiva, la alegoría del tiempo.

Maryflor





Calle Mayor, Iglesia de La Magdalena, al fondo la Basílica de Nuestra Señora del Pilar






Alegoría de la ciudad de Zaragoza






Amanece en la ciudad gris






Belchite






El pastor de Gargallo






Alegoría a Huesca






Ares






Atenea






Ave Fénix






 Dama de Fuentes






Demeter






El enigma de la esfinge






Fin de siglo






Gótico






Guardianes del tiempo






Marina






La esfinge del tiempo






La máquina del Ebro






Fábrica La Montañanesa






Estación de Utrillas






Tótem I






El guardián del faro