31 de mayo de 2015

Hoy todo es por ti


Una vez, en Gojô del Este, una persona se alojaba en el pabellón del Oeste del palacio de la emperatriz viuda. Aunque sin ver en eso el fin esencial de su vida, un hombre la frecuentaba asiduamente. Hacia el día décimo de la primera luna, ella desapareció repentinamente. El hombre supo dónde paraba, pero como ése era un lugar que no podía frecuentar, vivía sumido en penosos pensamientos. En la primera luna del año siguiente, cuando los ciruelos se hallaban en plena floración, el hombre volvió a Gojô para recobrar los queridos recuerdos del año anterior. Miraba de pie, miraba sentado, pero nada se parecía a lo que había sido. Mientras lloraba ardientes lágrimas, se tendió sobre las tablas bastas hasta que la luna se ocultó tras el horizonte y, mientras rememoraba el pasado, compuso este poema:



La luna no es la misma
La primavera no es ya
La primavera de ayer.
Solamente yo
no cambié.





Jiang Zhi Feng





Cabalgando, llegaron a la provincia de Suruga. Cuando arribaron al monte Utsu el camino que seguía tornóse muy sombrío y estrecho, obstruido por hiedras y arces. se sentió melancólico y se preguntó con ansiedad qué le ocurriría. En ese momento encontró un yamabushi. Este, al verlo, exclamó: "¿Cómo es que os encontráis en ese camino?". El hombre que habia compuesto el acróstico escribió una carta para su mujer en la capital y se la entregó al asceta errante. Se leía en ella:


En Suruga
Junto al monte Utsu,
Ni en la realidad
ni en el sueño
Yo te encontré.





Jiang Enlian



Al continuar su ruta, llegó a un gran río entre las provincias de Musashi y Shimôsa. Se lo llama río Sumida. A la vera del agua, a la merced de sus penas, se lamentaba por haber emprendido un viaje tan desmesuradamente largo. Entonces el barquero le gritó: “¡Subid rápido a la barca, el día cae ya!” Embarcó y comenzaron el cruce. En ese momento, un pájaro blanco con el pico y las patas rojas, del tamaño de una gallineta, revoloteaba sobre el agua atrapando peces. Como era un pájaro que el nunca había visto en la capital, no lo conocía. Le preguntó al barquero: “¡Pero si es un pájaro de la capital!”, le respondió. Uno de ellos compuso este poema:




Si mereces ese nombre
Yo te preguntaría una cosa
“Pájaro de la Capital”
La persona que amo
¿Vive o no vive ya?.






Jian Enlian



Cuento XI


Que de mis ojos estéis lejos
ni siquiera lo imagino
puesto que el olvido
ni un instante roza mi espíritu.




Jian Enlian




Cuento XXIII
Insconstancia que entristece a los amantes:



Como cada noche
Que habéis dicho: yo vendré
Ha pasado
Mi confianza en vos he perdido
Mas amándoos siempre
mi vida continúo.




Jian Enlian



Cuento XXXVIII 
Identifica el amor con la espera. Llorar sobre las mangas del kimono, que queden así humedecidas, es un signo externo de esta tristeza:



Gracias a vos
He comprendido
el ardiente deseo de la espera.
En el mundo 
Esto es llamado amor.



Jian Enlian



Cuento CVII
El llanto vuelve a ser comparado con el rocío, esta vez a causa de un amor prohibido:



Mis ojos miran a la lejanía,
como henchidos por torrenciales lluvias.
El río de mis lágrimas
Moja sólo mis mangas
Porque no puedo estar junto a vos.





Jian Enlian



Cuento XXXIX 



!Qué tristeza!
Bien oigo los llantos
Mas la extinción de esa luz
¿Es la extinción definitiva?
No tengo yo la respuesta.



Lin Yong



El amor
Por la prudencia
Fue vencido.
Si veros me cuesta la vida
Que así sea.



La purificación
A la que me sometí
En el río que lava
Prometiendo dejar de amar
Los dioses no han aceptado.


Como la caprela
Que vive entre las algas
Recogidas por el pescador
Ni un solo grito daré (fue mi culpa)
Y a nadie odiaré.


Así, me parece pensar
Igual que entonces.
¡Cuánta tristeza!
Puesto que no comprende
Que aunque yo exista, no existo.



He Jiaying 



Cuento LXXIII



Sois al igual
que aquella higuera
que en la luna se halla,
con los ojos se contempla,
pero no puede tocarse con las manos.



He Jiaying 



Cuento XXXV
Una vez un hombre envió esto a una mujer de la que se había separado, pero sin que en ello tuvieran que ver sus sentimientos:


Puesto que los hilos de nuestras vidas
En apretado nudo
Unidos fueron,
Aunque estemos separados
Nos veremos, creo, todavía.



He Jiaying 





Cuento LXXVIII


Aunque el procedimiento sea 
imperfecto,
Por medio de la piedra mostraré 
Los invisibles sentimientos 
Que guarda mi corazón, 
Pues otro medio no encuentro. 




He Jiaying 



Cuento LXXIV



Aunque en verdad no haya
Escarpadas montañas
Entre nosotros apiladas,
Muchos son los días en que no nos encontraremos,

[y sin embargo] os sigo amando.



He Jiaying 






Los cuentos de Ise o Ise Monogatari, constituyen una de las obras literarias más célebres y antiguas del Japón. Escritos entre los siglos IX y X, ejercieron una marcada influencia en casi todas las antologías de la literatura antigua japonesa.
Se compone de 125 cuentos que agrupan, unos 209 tankas (poemas de 5 versos con un total de 31 sílabas, ordenadas en 5-7-5-7-7).
Ariwara no Narihira utiliza la tercera persona, y la primera solamente al escribir poesía, con la necesaria aparición de su yo poético.
En los cuentos existen elementos en común, no alcanzan la biografía, pero si los rasgos sentimentales del héroe de la obra, Ariwara no Narihira.
Nieto del un emperador, que nació en 825 y murió en 879 y que es el autor de la mayoría de los poemas, narra a lo largo de los Ise Monogatari las emociones que experimenta ante la ausencia de un ser querido, el anhelo de una amante inaccesible.
Ariwara no Narihira tuvo fama de ser hombre elegante y refinado, y un poeta de calidad.






28 de mayo de 2015

Decepción



A veces he pensado que las expectativas que pongo en los demás son grandes, más tarde, cuando analizo la situación, creo que no, no espero más de lo yo doy, parece justo, ¿no?.

La mayoría de las veces que el desengaño a entrado en mi vida, me he dado cuenta que en realidad eran personas que habían actuado de manera individualista, de forma material, o buscando un provecho personal.

En otros momentos llego a pensar que tengo poca tolerancia a la frustraciones; pero, en cualquier caso, el dolor es tan profundo que, al pasar el tiempo hace que la relación con esas personas cambie radicalmente y para siempre, provocando una daño irreparable en esa relación. Ya nunca será lo que fue.

¿Soy egoísta? ¿egocéntrica?.

Siempre actúo creyendo que los demás van a colaborar, a participar, a acompañar, pero siempre termino de la misma manera, pensando que más hubiera valido actuar sola, sin tenerlas en cuenta, de esta manera me hubiera ahorrado, disgustos, angustia y frustración. 

!Cuántas veces más voy a caer en lo mismo!.

Pero es la única manera que tengo de entender la vida y relacionarme con el mundo. Cada vez que comienzo una relación, no quiero tener la necesidad de pensar mal, no quiero pensar que todo el mundo es cruel, ni vivir siempre a la defensiva. Es espantoso. 

Pero sí me gustaría que la experiencia me haga distinguir a las personas, saber diferenciarlas, y ser un poco más firme para que las desilusiones no se lleven una parte de mi. 


Maryflor








25 de mayo de 2015

Me han traído una caracola


"Hacer obras de arte es el sentimiento más cercano que he llegado a tener mi vida, su sentido es absoluto. Es a la vez indulgente y esencial. Se trata de equilibrar la libertad y la disciplina, el corazón y el cerebro, con el fin de explorar esta existencia temporal, para considerar la sensualidad de la naturaleza y mi conexión personal con ella".

Palabras de la artísta Ann Getsinger, nacida el Watertown, Connecticut en 1956.












































23 de mayo de 2015

Abstracción natural


La pintura de Marci McDonald se inclina hacia la abstracción como forma de describir la belleza y el mundo natural. Mezcla los colores impecablemente, y sus figuras entretejidas entre si, producen una obra fluida, dibujos suaves, y composiciones ligeras pero sensuales.
Un mundo ingrávido y liviano.











































Pinturas de Marci Mcdonald



"Los vestidos de las mujeres no son mas que variaciones de la eterna lucha entre el deseo confesado de vestirse, y el inconfesado de desnudarse"

 Licurgo




18 de mayo de 2015

No me preguntéis por qué nos sucede todo esto, nos sucede



Ojo con ellas


 Andan por ahí, con su atrevido miedo, 
portando sus cuarenta y tantos, 
lindas, leídas, viajadas, sensibles.

Ojo con ellas.
Vienen de cerrar una puerta con decisión, 
pero sin olvido. 

Amaron, construyeron, parieron, cumplieron.

Amaron a su hombre, 
dieron alas a sus crías y ahora,
 desentumecieron las suyas: ¡ahí estaban!: 
intactas, brillantes, soberbias, majestuosas,
 listas para el vuelo: no ya las de un hornero,
 sí las de una gaviota, soberana y curiosa.

Saben de la vida y de tu hambre 
porque con su cuerpo han sabido saciarlas.
Expertas en estupidez y sus matices: 
se reconocieron inmersas en ella hasta el estupor 
y soportaron mucho hasta el dolor; 
sabrán distinguirla, no lo dudes.

Versadas en economía, la aplican en el gesto, 
en el andar y en su exacta sensualidad.
Ojo con sus caderas sabias: 
ya se estiraron y contrajeron,
 se estremecieron y agitaron.
Saben del amor, en todos sus colores, 
desde el rojo resplandor al mustio gris.
Sus piernas fuertes arrastran raíces todavía.

Prontas a sentir, 
van con una vieja canción en los labios,
 profunda intensidad en la mirada 
y delicada seguridad en la sonrisa.

Pero, si esta advertencia es tardía, 
y descubres que ya no puedes dejar
 de pensar en ella, 
entonces, ten cuidado de ahora en más,
 no te equivoques, no lo arruines:
 no les envíes un mensaje de texto, 
mejor invítale un café con tiempo;
 no recurras al e mail,
 preferirán sin duda un poema en servilleta. 
No les hagas promesas, 
no les vendas imagen,
 mejor exhibe tu autenticidad mas despojada. 
No caigas, por rellenar, 
en aturdido ruido vacuo, 
deja que respire un silencio en común.

Vienen de quemar las naves
 y cambiar comodidad indolente 
por riesgo vital.

Avanzan por un camino incierto,
 pero elegido.

En su cartera, fotos, un perfume 
y algunas lágrimas.

En su mirada, una decisión…

Ojo con ellas…tal vez, si tienes suerte,
 hay una en tu camino.


Jorge E. Cinto







Quiérete


 Quiérete mucho,
 quiérete rota, 
incompleta, vacía, 
quiérete iracunda, 
furiosa intempestiva, 
destructora, bienhechora, 
quiérete inspiradora, 
rebelde, reveladora,
 siempre quiérete; 
en todas, en cada una,
 en ellas, en tus modos y formas. 

Porque quien no sepa quererte 
ni soportar tu tempestad. 
No sabrá valorar tu existir
 ni andar a tu marcha. 

Serás demasiada tormenta, 
demasiado vendaval, 
demasiada fuerza, 
demasiada mujer para su juego.


Joseph Kapone







Las mujeres


No sé que tienen
(además de lo que tienen), pero
sin duda
es mágico.

Capaces
con un mínimo gesto
de hacerte desear
no haber nacido nunca
en un instante
y que al siguiente
te arrojes
a sus pies, pasan
siempre de largo.

Sus miradas
desarman.

Sus caricias
te pueden reducir
a un pobre
imbécil.

Son como el alumbrado
de la vida.

Las mujeres.
Lo máximo.


Karmelo Iribarren







Pasión


Entre tus pechos hay aldeas incendiadas,
millones de fosas,
restos de barcos hundidos
y armaduras de hombres asesinados.

Ninguno de ellos ha regresado.
Todos los que pasaron por tu pecho
desaparecieron
y los que permanecieron hasta el alba
se suicidaron.



Nizar Qabbani  







Fotografías de Flor Garduño





14 de mayo de 2015

Aceptación


Para salir de una situación, lo primero, es aceptarla.

La aceptación implica entender lo que nos está sucediendo, aunque creamos que no lo merezcamos, !sí! nos está pasando. Debemos aprender a vivir con nuestros errores, con las alertas que no quisimos ver, es la única manera de encarar el futuro con una nueva perspectiva.


La aceptación es el puente que nos lleva de la angustia a la paz interior.


Pero todo tiene su proceso:

           
El primer paso es la negación, el abatimiento, el rechazo a admitir la realidad en que vivimos.
           
El segundo, la cólera, dejamos de negar la situación, pero entonces aparece el reproche y la rabia hacia nosotros mismos y hacia los demás.
           
El tercero, es el pacto. Después, una vez calmados, regateamos, nos humillamos, nos rebajamos, con tal de no afrontar la realidad.
      
La depresión llega cuando uno lucha para evitar la dura realidad. Tarde o temprano, no hay más remedio que enfrentarse a la verdad, estas triste pero libre.
      
Para mí, es la etapa más delicada y difícil, la libertad implica la decisión de quedarte o irte, en definitiva, de tomar decisiones.

¿Ha llegado ya la aceptación?.

En un proceso de crisis, estos pasos son etapas más o menos largas, la cólera y la tristeza nos indicarán si aún nos queda mucho camino por recorrer. La falta de seguridad en uno mismo, las dificultades para aceptar a las personas y las situaciones tal como son, miedo a enfrentarnos a la verdad. Todo ello repercute en nuestra vida, de tal manera, que nos refugiamos en nuestros secretos y  no querer que los demás los descubran.

Realmente aceptamos nuestra existencia, o sólo nos conformamos...?


La aceptación es la "suave alegría de la verdad". 


Maryflor






Fotografía de Clemence Lucic




10 de mayo de 2015

Nosce te ipsum



"Te advierto, quien quiera que fueres,
Oh! tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza,
que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, 
tampoco podrás hallarlo fuera.
Si tu ignoras las excelencias de tu propia casa,
¿cómo pretendes encontrar otras excelencias?
En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros.
!Oh hombre, conócete a ti mismo
y conocerás el universo y a los Dioses"


Inscripción en el antiguo Templo de Delfos






Vivimos un tiempo en el que se nos demanda disfrutar de las sensaciones que nos ofrece la vida, el mundo y el hedonismo, nos hemos olvidado de lo más importante: nosotros mismos.
Creemos conocernos, pero ¿sabemos en realidad quiénes somos, y para qué hemos venido al mundo? Nuestro nombre nos lo dieron, nuestro cuerpo es prestado, los conocimientos los adquirimos, entonces, ¿existe algo más triste que pasar por la vida ignorando el motivo de nuestra existencia?.
Necesitamos conocernos a nosotros mismos para suprimir aquello que nos sobra y alcanzar aquello que nos falta, si es que queremos terminar con el mundo banal en el que vivimos.

Quien no se observa no se conoce, y quien no se conoce no puede cambiar.

El sentido de la auto-observación se encuentra anquilosado, nos hemos formado falsos conceptos sobre nosotros mismos, suponemos que poseemos tales o cuales cualidades que en realidad no poseemos, y muchas virtudes, que poseemos y lo ignoramos; pero el camino que nos ha de llevar a vivir en plenitud, no sólo comprende la observación de nuestro interior; el segundo paso exige comprender, entendernos a nosotros mismos y a las personas que nos rodean, sin juicios ni sentencias; y el tercero es cribar, es decir, descartar de nuestra vida esos lastres que cargamos y, que la mayoría son impuestos por nosotros mismos.

Las cosas más importantes de la vida, empiezan en tu interior.


Maryflor


"No vayas fuera, entra en ti mismo; en el hombre interior habita la verdad"


San Agustín








7 de mayo de 2015

La espiritualidad es el arte de volver a casa


Volver al centro, al eje, centrarse, aquietarse, son palabras que bien pueden escucharse en algún curso de meditación. En mi caso son recordatorios que me llevan de regreso a mi esencia. El mundo actual nos lleva hacia las afueras, hacia una existencia frenética y superficial, que lo único que nos deja, es una sensación de inquietud e insatisfacción. Nada termina de llenar nuestras expectativas y deseos, y nos metemos en una carrera inconsciente  por buscar las respuestas lejos de nosotros, en manos ajenas: una religión, un gurú, terapias, cursillos que nos prometen recomponerlo todo.           

La conclusión es que nuestro bienestar depende siempre del otro, de elementos externos.

Nos tenemos que hacer cargo de nosotros mismos, de nuestros ideales y valores, de los errores, de aquellos a quienes elegimos que nos acompañen en el camino, de nuestras creencias, de lo que decidimos apostar y creer.
               
Hay infinidad de caminos para llegar a un mismo destino, así como infinitos caminantes.
           
"La espiritualidad es el arte de volver a casa".

La paz y la serenidad con uno mismo depende de como pensamos y, sin embargo, para adquirirla no necesitamos el pensamiento, depende de la confianza en uno mismo. En chino, la Paz se representa como una mujer sentada bajo el techo de su casa.


Siempre me han cautivado los claustros de los monasterios, me transmiten serenidad.  Es un microcosmos armónico, donde conviven una comunidad con el objetivo de conseguir lo eterno, todo esta gobernado por el orden, el silencio y la paz. Los que visitamos los claustros encontramos sosiego, mientras, el tiempo parece detenerse. 

Pero, ¿cuál es su significado?.  Constituia la representación del Paraíso, que en griego significa jardín, en hebrero edén, que quiere decir delicias. Es el símbolo de un paraíso reconstruído en el centro de la clausura monacal, donde todo deber ser ordenado y armónico buscando la perfección de los seres que en él habitan.

Está constituido por cuatro alas que forman una estructura cuadrada, interpretando a semejanza de la ciudad de Dios con los cuatro ríos evangélicos. El Tigris, el Eufrates, el Pisón y el Guijón, con su fuente central de cuatro caños que son la representación simbólica de los evangelios, de las cuatro virtudes, de los cuatro elementos de la creación, de los cuatro puntos cardinales.

En el monasterio, el claustro es el lugar de la vida solitaria, el sitio que ofrece mejores condiciones para la reflexión serena y tranquila.  En él, se desarrollaba la meditación de los textos divinos, que había de llevar a los monjes, por el sendero adecuado hasta la ciudad santa, en una caravana donde unos ya habrían llegado a la meta, mientras que otros, todavía debemos esperar en la fila.

Haciendo referencia a mi reflexión inicial, deberíamos recogernos para así alimentar y fortalecer nuestro espíritu, adentrarnos en la meditación individual para llegar al mismo punto que los habitantes de los monasterios, y construir el Monasterio Celeste, ése que todos deseamos alcanzar, después de haber atravesado las dificultades de nuestra vida.


Maryflor






Pintura de Arnold Böklin




3 de mayo de 2015

Jezabel


Irène Némirovsky escritora judía asesinada en Auswitch en el año 1942. Mucho tiempo después de su muerte viene el éxito internacional con Suite francesa, manuscrito que fue conservado por sus hijas, permaneciendo inédito hasta 2004.

El libro comienza con la historia de un juicio criminal, una mujer madura, rica, con muchos amantes que ha matado a un joven, ¿por qué? Sería su amante... no se sabe.
A partir de ahí vienen los antecedentes. La historia es tremenda, terrible, es un análisis psicológico de una perversión femenina, una mujer que siente la necesidad absoluta de gustar, de ser adorada, de mostrar su poder sobre los pobres hombres.
Un estudio femenino muy duro, en el que llega a decir: "incluso en el corazón del amor, uno no piensa más que en si mismo".

El tema de fondo es la lucha de una mujer contra el paso del tiempo, ella odia los espejos, la luz fuerte, a su hija, su propia infancia, no puede soportar que su hija tenga novio, odia a su nieto.

La escritura de Irène Némirovsky se compara con la de Dostoyeski e, incluso con la de Guy de Maupassant. Novela estupendamente escrita, fantástica, extraordinaria, por otra parte, nada agradable, nada alegre porque no te hace ilusionarte. 


Critica de Andrés Amorós
Jezabel
Narrativa Salamandra








"Qué feliz se sentía...O puede que no, que aquello todavía no fuera la felicidad, sino su espera, una divina inquietud, una ardiente sed que le abrasaba el corazón.
Nunca olvidaría aquella breve temporada. Nunca volvería a sentir un placer de esa índole. En el fondo del corazón, siempre queda la añoranza de una hora, de un verano, de un fugaz momento en el que sin duda se alcanza el punto de floración. Durante unas semanas u unos meses, raramente más, una joven muy hermosa deja de vivir la vida normal. Está ebria. Se le concede la sensación de estar fuera del tiempo, fuera de sus leyes, de no sentir la monótona sucesión de los días, de disfrutar únicamente de los instantes de casi intensa y desesperada felicidad".








"Y repetió su nombre con una especie de asombro. Luego, se inclinó y le cogió la mano, todavía infantil, delgada, sin anillos, que pendía entre los pliegues del vestido. La besó temblando. Besó el delgado brazo, en el que se veían señales de golpes y arañazos, porque a veces era masculina, brusca, y le gustaban los caballos difíciles, los obstáculos, los peligros. Permaneció encorvado ante ella, humilde como un niño. Gladys nunca olvidaría aquel instante, aquel embriagador sentimiento de orgullo y la deliciosa paz que invadió su corazón.
La felicidad es esto, se dijo, y no retiró la mano. Pero su fina nariz se agitó imperceptiblemente y su rostro, tan joven, se transformó de pronto en el de una mujer, astuto, ávido y cruel. Qué grato era ver un hombre a sus pies...¿Qué habría en el mundo mejor que el nacimiento de ese poder de mujer? Eso era lo que esperaba, lo que llevaba días presintiendo... El placer, el baile, el éxito no eran nada, palidecían ante aquella intensa sensación, ante aquella especie de mordedura interior. ¿El amor? -pensó-, !Oh, no! El placer, casi sacrílego, de ser amada..."








"...Ese día, en cuanto Gladys estuvo lista, entro Lily Ferrer, ambas se besaron en la mejilla. A veces hablaban de cosas íntimas, pero al modo de las mujeres, caprichoso, frívolo, disimulando instintivamente sus pensamientos más secretos, que no obstante revelaban con una chanza o un suspiro, y ocultando bajo su insustancial cháchara una amarga experiencia que, como un grano de incienso o sal, perfumaba sus vanas palabras.

- Las mujeres que tienen la pasión del juego son felices - dijo Gladys.

- ¿Felices? ¿A eso llamas felicidad? Tú si que eres feliz, Gladys afirmó Lily, y soltó un suspiro -. Sólo que aún no lo sabes. Ya verás a mi edad. En esta vida no hay más realidad, más felicidad que la juventud. ¿Cuántos años tienes? Apenas treinta, ¿no? Pues bien, te quedan diez de felicidad. Los cuarente ya son una edad terrible. Después, yo diría que una se acostumbra, se vuelve menos exigente. Disfruta las pequeñas alegrías mientras puedas - le aconsejó con un suspiro pensando en su amante -. Hasta los cuarenta no te ves envejecer. Vives con la ilusión de tener veinte, de que tendrás veinte eternamente. Y de pronto, una impresión cualquiera, una palabra, la mirada de un hombre, un hijo que quiere casarse...!Ah, es horrible!".








" - ¿Te gusta la soledad, Gladys? No has cambiado - repuso él mirándola con curiosidad.

- ¿Por qué iba a cambiar? Las mujeres no cambiamos.

Claude no respondió y Gladys bajó la cabeza. Con un movimiento lento y gracioso, sus manos jugueteaban con el collar de perlas que rodeaba su blanco y frágil cuello. Todavía era hermosa, débil, inquieta, conmovedora, pero el fantasma, la pálida sombra de la mujer que él había amado... Durante los últimos años le había visto tantas veces. Ella nunca había pensado en él. En cada reencuentro, ocupada con vestidos y nuevos amores, nunca tenía una mirada para él. Si, hoy parecía diferente, ansiosa de agradarle; pero él ... Un amor secreto, encerrado en el corazón durante mucho tiempo, se vuelve amargo al envejecer, se pudre y se transforma en agrio resentimiento. Soy libre - pensó Claude -. Me he liberado ya no la quiero".








- Lo amo, mamá - dijo Marie Thérèse con vehemencia. Al menos eso deberías comprenderlo. Tú deberías saber que es el amor. ¿O es que sólo lo reconoces en la cara de las viejas, de tus amigas? Pero quien está en edad de enamorarme soy yo, !no ellas!.

- !Cállate! - gritó Gladys con la voz teñida de terror y sufrimiento -. No quiero, ¿me oyes?, no quiero. He dicho que más adelante, y será mas adelante. Me obedecerás. Más adelante... Ahora no, ahora no - repitió palideciendo, y se llevo a los labios las manos de Marie Thérèse -. ¿De acuerdo? Esperarás a ser más madura, a tener más experiencia... No sabes nada, todavía no has visto nada... Ten paciencia. Dentro de dos o tres años, si aún quieres a Olivier, bueno, pues te casas con él... Pero ahora no, Dios mío, ahora no - murmuró apretándo a su hija contra el pecho, mirándola suplicante, tan acostumbrada a ser la preferida que ni siquiera imaginaba su rechazo -. Tú me quieres, ¿verdad, cariño? No querrás hacerme daño, ¿verdad? Oírte hablar de amor, ver en tí ya una mujer, me hace daño... Es natural que así ocurra... Si supieras... !Oh! ¿Por qué eres mujer? Si hubiera tenido un hijo varón me querría más... Tú no piensas más que en tí.

- !Y tú tampoco piensas más que en tí! Admítelo. Mira que clase de vida llevo. ¿Crees que a mi edad me basta con los libros, la música y un parque bonito? Crecí sólo con eso. Tú te divertías, bailabas, volvías el amanecer... Pero !esa clase de diversiones son para mí, mamá, para mí mucho más que para tí!

- No me daba cuenta de que crecías...

- Bueno pero el daño ya está hecho. Tengo dieciocho años.

- Sí, sí, lo sé, pero...

Le parecía oír cuchichear a las mujeres, sus rivales: ¿Gladys Eysenach? Sí, aún no está mal. Pero ya no es joven, ¿sabe? Ha casado a su hija. Su amante la ha dejado... Que quiere usted. Aún es hermosa pero... Aún es joven, pero... - Y pronto quizá -: ¿La encuentra hermosa? Pero es mayor, ¿sabe? Ya es abuela.

- Mamá... respondió Marie Thérèse -. Respóndeme. Piensa en mí. 

- ¿Qué esperas que te responda? Ya te he dicho lo que quiero. Espera ¿Qué te cuesta esperar un poco? Eres demasiado joven. Para tí los años son suaves y ligeros... Dentro de tres serás mayor de edad. Podrás hacer lo que te apetezca.

- Me niego a obedecerte - respondió Marie Thèrése alzando el rostro, pálido y crispado. Pero ¿por qué? ¿Por qué esperar?

- Porque eres demasiado joven - repitió Gladys -. Los matrimonios precipitados siempre acaban siendo infelices. No quiero que seas infeliz. Sí, ya lo sé: piensas que en este momento quien te hace infeliz soy yo. Pero no es verdad. Sólo te pido una temporada de noviazgo secreto, delicioso, que embellecerá tu vida y te dejará buenos recuerdos... Eres una niña Marie Thèrése, todavía no sabes... No hay más que una cosa que valga la pena vivir: el comienzo del amor, el amor todavía tímido, el deseo, la impaciencia, la espera...
Tres años pasan enseguida, pero hasta entonces ten piedad de mí... No me hables de nada. No quiero pensar. No quiero, no quiero. Me hace daño. Quiero un poco de tranquilidad, un poco de felicidad... Compréndeme. Sé mi amiga.

- !No quiero ser tu amiga! Eres mi madre. Si no quieres darme protección ni ayuda ni ternura, no te necesito - dijo la joven en voz baja.

- !Oh, Marie Thèrése! !Eres cruel!. !Déjame! - suplicó. !Ten un poco de compasión! No me digas nada más. Ya has visto que es inútil, ¿no?

- Si - respondió Marie Thèrése a su pesar.

Gladys la tenía cogida las manos. La muchacha se soltó con horror, rechazó aquellos hermosos brazos, suaves y pálidos, que se esforzaban en retenerla y se marchó.








Gladys Eysenach una mujer rica, bella y madura es acusada de asesinar a su joven amante, Bernard Martin, muerte que ella admite, aunque no, que fueran amantes.
Mujer de mundo, casada un par de veces, admirada por los hombres, pero con una vida llena de penas: una niñez desgraciada, la muerte de su única hija, y una existencia vacía. 
La novela comienza tras esta introducción, y la autora narra la vida de Gladys desde su juventud hasta el disparo letal. Una mujer dominada por la obsesión de mantener su juventud eternamente y la necesidad de ser amada devotamente.
Pero el tiempo es implacable y Gladys envejece y, lo que le inquieta terriblemente es, que su hija Marie Thérèse se ha convertido en una mujer enamorada. Esta declaración cae como una losa que hace lo imposible para retrasar la boda.
Pero lo inevitable llega y pasa, y llega también la guerra europea, Gladys y su hija se ven inmersas en una vorágine que las destrozará. Marie Thérèse muere y Gladys tiene que tomar una terrible decisión.
Asustada y aterrorizada ante los cambios que nota en sí, a los hombres sólo les atrae de ella su dinero y posición, conoce al joven Bernard y es aquí donde comienza su verdadero calvario, terminando en un trágico final.
Como la Jezabel bíblica, no duda en recurrir a la muerte de otros para mantener viva su obsesión.

Maryflor



"Gladys odiaba el sufrimiento; como los niños, esperaba y exigia la felicidad"




Pinturas de Dietz Edzard