25 de abril de 2015

Oda a un vestido de novia


Despojado del cuerpo,
pendes en una percha firme,
más firme que los hombros
de la mujer que revestida de ti
aireaba al viento impetuoso
el frágil velo de la felicidad.

El tiempo te convierte en reliquia olvidada
en un rincón en donde se detuvo el tiempo,
en un anacrónico retal triste
como una canción en mitad de la noche
que evoca vidas que naufragan en el fondo
de un vaso apurado de un trago.

Ni blanco, ni radiante,
mas un día tuviste tu momento de gloria.
Hoy solo eres una prenda inútil,
ni tan siquiera un extraño espantapájaros
de tul y de raso suspendido sobre dos palos
como un crucificado.

¿Qué fue del cuerpo que engalanaste?
¿Acaso él también se ha despojado de su armazón
y ha quedado desarmado?
¿Acaso cuelga de otra percha que lo mantenga en pie?
¿O es, él sí, un espantapájaros
que pende solitario sobre la rama de un árbol?


Carmen López








23 de abril de 2015

Vacío


Todo aquel que ha experimentado por un instante en su vida le sensación de vacío interior, va a entender mis palabras; vértigo, falta de aire, ansiedad, miedo, es fácil describirlo. Pero éstas no alcanzan para hacernos una idea de lo que se trata. Puede durar un rato, un mes, un año, pero en cualquier período de tiempo se siente lo mismo, pena en el alma y sensación de pérdida del sentido de vivir, se experimenta sobre todo cuando estamos pasando por un cambio profundo, en el momento en que sabemos que nuestra existencia se está transformando para siempre y sabes que nunca volverá a ser como antes.

El sentido de la vida es lo que cada uno de nosotros busca, pero a veces perdemos la lucidez del objetivo que nos motiva, entonces encendemos el piloto automático y cumplimos con nuestras obligaciones, trabajo, cuidado de los niños y mayores, obligaciones... y lo hacemos como si no fuéramos nuestros propios conductores. Desde la resignación de hacer siempre "lo correcto" o desde la rebeldía de la eterna adolescencia, el resultado siempre es el mismo, seres buscando cómo tapar.

Milan Kundera, se preguntaba si el vértigo es el miedo a la caída, y se respondía que el vértigo es el lanzarse, para enfrentarse al vacío, es necesario parar de correr, detenerse, asomarse al abismo, experimentar el deseo de dejarse llevar, es una sensación desagradable, pero una vez consigues tocar fondo no queda otra que empezar a subir de nuevo, y en esa escalada es cuando vamos recuperando nuestro sentido personal.

Siempre he pensado que el trayecto de una vida es, intentar llegar a un destino que nos haga sentir que nuestra vida ha tenido un significado, ¿pero cuál?. Esa ansiedad por la continua búsqueda de "algo" que queremos alcanzar, no nos lleva mas que a una sensación de fracaso y frustración, haciendo que perdamos el verdadero significado de nuestra existencia como ser humano y nos instala en un vacío existencial.

Hay personas que no quieren reconocer que existe un vacío en su interior, sin embargo actúan de forma que no lo harían si existiera una plenitud en ellos. Hay quien se refugia en su trabajo, otros utilizar la religión. muchos manifiestan unas reglas predeterminadas en que dirigir sus vidas, lo que pueden y no pueden hacer. Podemos encontrar soluciones que durante un tiempo pueden funcionar, pero esto no es natural, no nos proporciona el significado real que buscamos y nos damos cuenta demasiado tarde que toda una vida persiguiendo "algo" que al final no nos deja mas que un sentimiento de oquedad.

La experiencia del vacío la vivimos como algo doloroso, pretendemos imponer el sentido al vacío, vacío que tratamos de destruir, lo consideramos una angustia que debe ser eliminada de nuestra vida; pero, tal vez si la aceptáramos naturalmente, terminaría por esfumarse. Nuestra angustia nace del ego de ver que nuestros deseos fracasan, tal vez deberíamos verla como una posibilidad de crecer, pero nos produce mal estar y queremos derrotarla. 

Si enfocáramos nuestra razón de ser en la vida con un sentido menos práctico, no sólo queriendo resultados y beneficios, podríamos aceptar la experiencia del vacío admitiéndola con sencillez.

En definitiva, uno debe estar vacío para poder llenarse.


Maryflor






Ilustración de John Bauer




20 de abril de 2015

A mi padre



Ruibarbo

Mi madre aseguraba que una taza de ruibarbo
podía curarlo todo, hasta los males de amor.

Mi padre pensaba que un poco de dinero
era mejor que el ruibarbo y el amor
(además podía comprar mucho más que eso).

Cuando yo tenía fiebre o estaba triste
ella me daba ruibarbo.

Mi padre me dejaba algunas monedas.

Cuando ella murió él se metió en su cuarto,
apagó la luz y sentí que lloraba bajito.

Jamás lo había visto hacer esas cosas
y el aire empezó a faltarme.
Toqué la puerta y cuando me abrió
dejé en su mano una moneda.


John J.Junieles








18 de abril de 2015

Flowervases


Martin Klimas fotógrafo alemán nacido en Singen, es uno de los fotógrafos de hoy en día que encarna el espíritu de la fotografía de alta velocidad.
La fotografía de alta velocidad ha sido una de las más difíciles y espectaculares tanto de conseguir como de admirar.
Hay momentos casi inapreciables para el ojo humano, la búsqueda de dichas instantáneas nos producen cierto asombro y emoción.
Martin tiene algo especial, dejándonos una sensación de tranquilidad de los objetos retratados, como si quisiera convertir una acción de destrucción en algo onírico.









































Para ti mamá

De tarde en tarde

A mi madre le gusta ir a ese café de sobrias lámparas
pedir galletas de vainilla,
tomar dos tazas de té negro con parsimonia
como un acto ceremonial.
Hoy la he traído, pues, cediendo al gesto filial mi tarde laboriosa.
Tras los enormes ventanales vemos correr la vida afuera
mientras hablamos de otros días
y la tibieza del lugar sugiere que la felicidad no es más que esto.
De repente
como recuperando las palabras de un sueño
ella dice: “Qué lástima que todo se termina”.
Lo dice con sonrisa liviana, pues sabe
que ser trascendental no conviene a la tarde.
Mi madre cumplió setenta y cuatro años
y alguna vez fue bella.
Al fondo de las tazas el té pinta sus signos.
Yo no sé que decir.
Miramos la avenida, las caras planas de los transeúntes,
los árboles que callan. Anochece.


Piedad Bonnet





Pintura de Thomas Kennington




Canto a la madre


No ansiaba vestidos, indumentos que engalanan al deforme y malvado.
Incomprendida, abandonada incluso por su marido, había enterrado seis hijos, pero no su buen carácter; hermanas y cuñadas la tenían por una extraña, por ridícula, porque trabajaba como una tonta para los demás sin pedir nada a cambio, y a la hora de su muerte no había hecho acopio de enseres, sólo había tenido una cabra blancuzca, un gato rengo, unos cuantos ficus...

Habíamos vivido todos junto a ella sin comprender que era precisamente ella la persona justa sin la cual, como en el dicho, no se tendrá en pie la aldea .

Ni la ciudad.

Ni nuestra nación entera. 


Iván Denísovich 





Pintura de Albert Anker



Madre


En las tardes oscuras y difíciles,
cuando pienso que no podré acabar
sin lágrimas ninguno de mis días,
y siento cómo crece con las horas
y cómo es insalvable la distancia
que nos separa, y nada me hace fuerte,
ni siquiera el amor de quien más quiero,
sólo busco el descenso de la noche
sobre mí con tu cuerpo y que tu abrazo
me entregue todavía ese universo
en el que no ha triunfado aún el frío.


 Christian Law 





Pintura de Benjamin Kenningthon



Caigo sobre sus manos


Cuando no sabía
aún que yo vivía en unas manos,
ellas pasaban sobre mi rostro y mi corazón.

Yo sentía que la noche era dulce
como una leche silenciosa. Y grande.
Mucho más grande que mi vida.
                               
Madre: era tus manos y la noche juntas.
Por eso aquella oscuridad me amaba. 

No lo recuerdo pero está conmigo.
Donde yo existo más, en lo olvidado,
están las manos y la noche.
                                           
A veces,
  cuando mi cabeza cuelga sobre la tierra
y ya no puedo más y está vacío
el mundo, alguna vez, sube el olvido
aún al corazón.
Y me arrodillo
a respirar sobre tus manos.

Bajo y tú escondes mi rostro; y soy pequeño;
y tus manos son grandes; y la noche
viene otra vez, viene otra vez.

Descanso
de ser hombre, descanso de ser hombre.


Antonio Gamonal 





Pintura de León Bazille Perrault



Nana


He pensado en tu muerte
y un resquicio de luz
te ha iluminado el gesto.
¿Me has oído, madre, el pensamiento?
He pensado en tu muerte
como un paisaje conocido y feliz
aunque no sepa situarlo con exactitud.
Y yo te llevaba de la mano.


Esteban Martínez  







16 de abril de 2015

Mujeres del mundo





Alexander Muelle
Eastern Souvenir





Frederick Artuhur Brigdman
Beauty of Costantinople





Charles Zacherie Landelle 
Woman from Tanger





Jean León Gérôme Frencg
Circassian Girl





Göksu Sefaso
Fausto Zonaro Italian





Jean León Gérôme
Femme de Constantinople





Frederick Arthur Brigdman
Circassian american





Jean Francois Portaels
North African girl





Friedirich von Amerling
Oriental woman





Jean Francois Portaels 
Haouisha Moresque





Jean Francois Portaels
White lilac





Joseph Coomans





Luis Ricardo Falero
Oriental beauty






12 de abril de 2015

Beijing Girl





















Zhang Xiangming, artista nacido en Guangrao, Shandong en 1975. En su serie "Beijing Girl" describe la vida urbana y el espíritu de las mujeres jóvenes de la sociedad asiática contemporánea.




La vita nuova


En 1274 a los nueve años, Dante había encontrado por primera vez a Beatriz, a los dieciocho tuvo lugar el segundo encuentro. Según la costumbre de la época, con once años, el joven poeta, vio concertado su matrimonio con Gemma Donati, con quien se casó y de la que tuvo cuatro hijos.

Poco se sabe de la vida familiar y conyugal de Dante, sin embargo, él se ocupó de consignar para la posteridad los datos de su verdadera vida amorosa ligada a Beatriz.

Se cree que Beatriz Portinari murió de parto en 1290, así pues, tanto el casamiento de Dante como la publicación de La Vita Nuova son posteriores al hecho.

La Vida nueva es una obra de originalísima forma, que consiste en treinta y un poemas. Cuando murió Beatriz, Dante se consoló con una visión en la que la amada aparecía como parte de la corte celestial, y el poeta se propuso volver a hablar de ella sólo para decir aquello que nunca fue escrito de una mujer. Quince años más tarde, en la Divina Comedia, se revelaría el alcance poético de esta promesa.





Pintura de Cristobal Rojas



A TODA ALMA PRISIONERA Y GENTIL CORAZÓN
a cuya presencia venga el decir presente, 
por que me escriban su parecer,
salud en su Señor, es decir Amor.
Ya eran casi terciadas las horas,
del tiempo en que toda estrella está luciente, 
cuyo aspecto recordar me causa horror.
Alegre me parecía Amor, teniendo
mi corazón en la mano, y en sus brazos una
dama, envuelta en un lienzo, dormida,
después la despertaba, y de este corazón ardiendo
ella espantada humildemente comía,
y después irse lo vi llorando.


TAN GENTIL Y TAN HONESTA LUCE
mi dama cuando a alguién saluda,
que toda lengua temblando quédase muda,
y no se atreven los ojos a mirarla.
Ella se va, sientiéndose alabada,
benignamente de humildad vestida,
pareciera ser cosa venida
del cielo a la tierra a mostrar milagro.
Muéstrese tan agradable a quien la mira,
que por los ojos da al corazón una dulzura,
que no se puede comprender quien no la prueba.
Y parece que de sus labios surgiera
un espíritu suave de amor pleno
que al alma va diciendo: !Suspira!


VE CLARAMENTE TODA SALUD
quien a mi dama entre las damas mira,
las que con ella van se ven forzadas
de una bella gracia a Dios rendir merced.
Y su belleza es de tanta virtud,
que a las demás ninguna envidia alcanza,
y así con ella las hace andar vestidas
de gentiliza, de amor y de fé.
Verla vuelve a toda cosa humilde,
y no solo ella se hace ver agradable
sino que cada una por ella recibe honor.
Y hay en sus actos tanta gentiliza
que nadie puede recordarla en su memoria
que no suspire de dulzura y de amor.


TAN LARGAMENTE AMOR ME HA POSEIDO,
y acostumbrado a su señoría,
que así como antes para mi fuera dolor,
así me es ahora suave en el corazón.
Por eso cuando el valor tanto me roba
que los espíritus huir parecen fuera,
siente entonces la frágil alma mía
tanta dulzura, que mi rostro palidece,
y entonces gana Amor en mi tanto poder,
que a mis espíritus hace rodar hablando
y salen fuera llamando a mi dama,
a que me de más salud.
Dondequiera ella me ve, esto me ocurre,
y es cosa tan humilde, de no creer.


 LOS OJOS DOLIENTES POR LA TRISTEZA DEL CORAZON
 han sufrido la pena del llanto, 
tanto, que en adelante serán los vencidos.
Ahora bien, si desahogar quiero el dolor,
que poco a poco a la muerte me lleva, 
conviene que hable en lamentos.
Y como recuerdo de lo que hablaba yo
de mi dama, cuando vivía,
damas gentiles, buenamente con vosotras,
no quiero hablar a ninguna otra,
sino a corazón gentil que en dama sea;
y de ella diré llorando, pues
al cielo súbitamente se ha ido
y ha dejado a Amor doliente conmigo.


ASÍ PUES BEATRIZ ESTÁ EN EL ALTO CIELO.
en el reino donde los ángeles tienen paz,
y está con ellos, y a vosotras, damas, ha dejado:
no nos la llevó la cualidad del hielo
ni del calor, como con otras hace,
mas sólo fue su gran benignidad;
porque, resplandeciente de humildad
cruzó los cielos con tanta virtud
que maravilló al eterno Sire,
tanto que un dulce deseo
lo llevó a llamar tanta salud,
y hacerla a subir a él desde aquí abajo,
porque veía que esta vida tediosa
no era digna de tal cosa.

PARTIÓSE DE SU BELLA PERSONA
llena de gracia la gentil alma,
para gloriar en lugar digno.
Quien no la llora, cuando piensa en ella,
corazón tiene de piedra tan malvado y vil
que en él no puede entrar espíritu benigno.
No hay en corazón villano tan alto ingenio
que pueda imaginar bastante de ella,
ni tampoco en él surge el doloroso llanto:
mas le vienen la tristeza y el querer
suspirar y morir de llanto,
y de todo consuelo al alma privar
a quien ve en su pensamiento algunas veces
cómo ella era, y cómo fuele sustraída.


 FUERTE ANGUSTIA OBRAN EN MI LOS SUSPIROS
cuando el pensamiento en la mente grave
me trae a aquella que el corazón me ha partido,
y muchas veces pensando en la muerte
me viene un deseo tan suave,
que el color del rostro me transmuta.
Y cuando la imaginación en mi tanto se asienta,
me acosan tantas penas de todas partes
que me estremezco del dolor que siento;
y de tal manera transformado quedo
que me aparto de la gente avergonzado.
Después llorando, sólo en mi lamento
llamo a Beatriz y digo: "¿Es que estás muerta?"
y mientras la llamo, hallo consuelo.


LLORAR DOLOR Y SUSPIRAR ANGUSTIA
me oprime el corazón donde me encuentre solo,
tanto que sería un martirio para quien me oyera; 
y cómo ha sido mi vida, luego
que mi dama fuera al siglo nuevo,
no habría lengua que decirlo supiera:
y con todo, damas mías, aunque quisiera,
no sabría deciros bien cuál me encuentro
 tanto me trabaja la acerba vida:
tan envilecida vida
que todos parecen decirme: "Yo te abandono",
viendo mis labios muertos.
Pero cuál yo sea mi dama bien lo sabe,
y aun de ella merced espero.


 PIADOSA CANCIÓN MÍA, VETE AHORA LLORANDO;
y encuentra a las damas y doncellas
a las que tus hermanas
acostumbraban llevar alegría,
y tú, que hija eres de la tristeza,
vete descondolada a estar con ellas.


Vide Cor Meum, "Mira mi corazón", aria breve basada en el capítulo III de la Vita Nuova.









9 de abril de 2015

Vivo


Hay días en los que deseo quedarme en mi casa sin hacer nada. Sin hacer nada de importancia, nada que me cueste esfuerzo, nada que tenga que fingir ante los demás una actitud que no tengo en ese momento.
Quiero descansar, dejarme llevar, no luchar, mirar la vida como pasa desde la ventana, tener a mi lado una persona que me sostenga, sí, que me lleve de la mano y me haga volver a sentir que nada malo puede ocurrir.

En mi vida perdoné  errores imperdonables, he intentado sustituir a personas insustituibles, y olvidar momentos inolvidables.

Hice cosas por impulso, me decepcionaron, también decepcioné.

Abracé para proteger, cuando era yo la que necesitaba protección, me reí cuando no tenía ganas.

Amé pero fui rechazada, me amaron pero rechacé; conocí la felicidad auténtica aunque sólo fuera por un instante. Conocí el amor de los diecisiete años, creí olvidar, pero siguió en la sombra.

He llorado escuchando música, oliendo un perfume, llamé sólo para escuchar su voz, pensé que moría... pero quién sabe, he muerto tantas veces.

Tuve pánico de perder a alguien especial, lo perdí, sobreviví y todavía sigo viva.

Sí, a veces quiero mirar la vida desde mi ventana, pero sigo no pasando por la vida, seguiré perdiendo con clase y luchando con osadía; sola o acompañada.

Maryflor 






Pintura de Jack Vettriano